martes, 20 de octubre de 2009

LA TETA REPLETA

“Señor, no es orgulloso mi corazón, ni son altaneros mis ojos, ni voy tras cosas grandes y extraordinarias que están fuera de mi alcance, al contrario, estoy callado y tranquilo, como un niño recién amamantado que esta en brazos de su madre .¡Soy como un niño recién amamantado!” El Rey David en el Salmo 131:1-2

El artículo sobre el simbolismo de las abejas a través de la historia ha inspirado a Mónica un texto para El Lector Alternativo Opina sobre la lactancia, la abundancia y el gozo.
En su reflexión vislumbramos endorfinas, oxitocina y felicidad a raudales que conforman una química cerebral y una actitud determinada hacia la Vida que, a su vez, configura el tipo de sociedad en que vivimos. Son muchos los autores que lo han estudiado, pero Mónica lo expresa con más poesía…
Hablando de abejas, de miel, de la Madre, de los orígenes…
En el Antiguo Testamento (otra cultura milenaria) se habla de la Tierra Prometida como un lugar de abundancia del que se dice que ”mana leche y miel”.
No sé si alguien adulto puede alimentarse exclusivamente de leche y miel, pero se me ocurre quiénes se alimentan así y son felices: los bebés.
La leche materna es leche y tiene un dulzor suave como de miel. El bebé tiene la teta a mano siempre que tiene hambre y puede comer hasta quedar saciado. La teta no se acaba nunca y cuanto más tomas más hay.
Hay otro salmo (ahora no recuerdo cuál) que hace una metáfora del “estado perfecto” con la imagen de “un niño saciado en brazos de su madre“. De un niño (tengo que comprobarlo) pero creo que no dice bebé, que se suelta de la teta dormido mientras le cae un reguerillo de leche por la comisura de los labios.
Es la imagen de la felicidad, las madres que damos pecho tenemos el honor de verlo todos los días.
La teta como símbolo de la Madre, la abeja que produce la miel, la abundancia de una teta que nunca se vacía (tal vez originariamente el cuerno de la abundancia de los griegos fue una teta y con la entrada de la sociedad patriarcal se convirtió en algo más fálico y masculino como un cuerno).
Todo ello nos regresa a una etapa de la vida en la que fuimos felices y a la que el inconsciente colectivo pretende regresar como símbolo de una tierra prometida, de un Edén en el que algún día vivimos.
Tal vez todos los males de nuestra sociedad y todas las neurosis vienen de que no pudimos tener de niños una teta repleta siempre dispuesta a saciar nuestra necesidad de comida, de consuelo, de amor.
Esa falta, se convierte en una carencia tan profunda que no se llena ni con todas la cosas materiales que nos ofrece nuestro mundo desde sus escaparates.
Tal vez esta crisis nos ayude a regresar a unos valores más amorosos, más fundamentales, a criar a nuestros hijos desde el calor de nuestros pechos rebosantes de amor y vida. Tal vez nuestros hijos puedan un día recordar aquel tiempo en el que vivieron en una tierra que mana leche y miel que les dio el alimento y los nutrientes necesarios para ser unos adultos libres y energéticamente equilibrados.
Estaba pensando que, para recordar el tiempo en el que mamaron, nuestros hijos deberían ser amamantados más allá de los tres años, y ver cómo sus hermanos y otros niños son amamantados también.
Si no, ese recuerdo se perderá en la brumas del subconsciente y sólo quedará soñar con un futuro utópico situado en algún lugar en la nada, en lugar de trabajar por un presente “presente” y real.
Mónica Álvarez

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