miércoles, 11 de septiembre de 2013

Anoche tuve un sueño (sobre educación)

Anoche tuve un sueño.  
Soñé que al acompañar a mis hijos hasta la puerta del colegio me encontraba niños contentos por volver al cole, por ver a sus amigos y a sus maestros y contentos por compartir experiencias con ellos, tal y como me había pasado los años anteriores.
Soñé que a los profesores les habían mejorado sus condiciones laborales, que de repente habían conseguido el reconocimiento social que merecían, que estaban excelentemente formados y motivados, también soñé con la idea de que el maestro no "daba" clase, sino que acompañaba a los alumnos en su particular proceso de aprendizaje, con metodologías activas, donde se mezclaban las actividades libres con las dirigidas y no con técnicas educativas obsoletas. Soñé con aulas alegres, donde se respetaba la esencia natural de los niños.
Soñé con una escuela que se basaba en el acompañamiento afectivo  y que  tenía clara la idea de que el aprendizaje sólo se puede elaborar desde unos vínculos afectivos seguros y sólidos.
Soñé que para conseguir todo esto, a la escuela pública la habían dotado de los recursos necesarios, y  que mientras llegaban esos recursos, la comunidad educativa no se lamentaba, si no que aportaba ideas y proyectos para cambiar las cosas.
Soñé con una escuela viva, acogedora, activa, integradora, con la suficiente autonomía que permitía diseñar un programa propio, adaptado a su proyecto y a su contexto.
Soñé con una escuela donde no se educaba a través de la memorización, repetición, ni mecanización  de conceptos. Donde se respetaban los procesos madurativos de los niños y se aprendía a partir de la curiosidad, y la creatividad innata de ellos, una escuela donde se tenían en cuenta los intereses y las necesidades de los alumnos y se favorecían sus potencionalidades a través de la experimentación, del descubrimiento, de la manipulación y del trabajo en equipo.


Soñé con una escuela participativa, comunitaria y democrática donde los conflictos se intentaban convertir en aspectos positivos a través de la reflexión.  Una escuela donde los padres formaban parte importante y donde siempre eran bienvenidos. Soñé con un espacio de intercambio y convivencia entre niños y adultos.
Soñé con unas leyes educativas que no estaban puestas al servicio de los mercados, que no promovían la competitividad,  que no enseñaban a obedecer si no a pensar, y que no amenaçaven greument la cultura i la llegua dels pobles. También soñé que había desaparecido la campaña de desprestigio de la que es víctima la escuela pública.
Soñé con una escuela  donde los verdaderos protagonistas eran los niños.


Esta mañana cuando me desperté y recordé el sueño, me di cuenta de que quedaba mucho camino por recorrer pero que con  la información suficiente sobre  las necesidades reales de los niños, optimismo, ganas y respeto, el camino lo podíamos hacer con éxito, todos juntos.