sábado, 27 de marzo de 2010

Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor del fuego

El poder de un circulo de mujeres con sus hijos en brazos y alimentándolos de forma nutritiva pero sobre todo de forma afectiva, me hace reflexionar, sobre la fuerza de lo femenino. Muchas veces  tengo la sensación de estar alrededor de un dulce fuego, compartiendo experiencias sobre lo más profundo de nuestra esencia femenina a través de la lactancia.

Esta práctica es universal, las mujeres se reúnen, hablan, comparten, acompañan y se solidarizan con las otras en cualquier parte del mundo. Hoy, esas redes de mujeres también son virtuales, navegando y participando de las diferentes oportunidades que nos da la red también se establecen relaciones, se crean vínculos. Ya nadie discute la importancia de las redes de mujeres y el beneficio de estas en la salud mental de sus integrantes.
Gracias a Leire, una amiga que está aprendiendo a correr con lobos, he tenido la oportunidad de leer este escrito que representa muy bien el poder de lo femenino.
Gracias a Leire y gracias a mis amigas, a todas, por acompañarme a lo largo de la vida y hacer la persona que soy.

Simone Seija Paseyro  (Uruguay)
Alguien me dijo que no es casual…que desde siempre las elegimos. Que las
encontramos en el camino de la vida, nos reconocemos y sabemos que en algún lugar de la historia de los mundos fuimos del mismo clan. Pasan las décadas y al volver a recorrer los ríos esos cauces, tengo muy presentes las
cualidades que las trajeron a mi tierra personal.

Valientes, reidoras y con labia. Capaces de pasar horas enteras escuchando,
muriéndose de risa, consolando. Arquitectas de sueños, hacedoras de planes,
ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones de cuna.

Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de “un fuego”, nacen
fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan,
recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, rezongan,
se conduelen.

Grupo lactancia Sant Feliu Llobregat
Ese fuego puede ser la mesa de un bar, las idas para afuera en vacaciones,
el patio de un colegio, el galpón donde jugábamos en la infancia, el living
de una casa, el corredor de una facultad, un mate en el parque, la señal de
alarma de que alguna nos necesita o ese tesoro incalculable que son las
quedadas a dormir en la casa de las otras.

Las de adolescentes después de un baile, o para preparar un exámen, o para
cerrar una noche de cine. Las de “veníte el sábado” porque no hay nada mejor que hacer en el mundo que escuchar música, y hablar, hablar y hablar hasta cansarse. Las de adultas, a veces para asilar en nuestras almas a una con desesperanza en los ojos, y entonces nos desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras, para recordarle que siempre hay un mañana. A veces para compartir, departir, construir, sin excusas, solo por las meras ganas.

El futuro en un tiempo no existía. Cualquiera mayor de 25 era de una vejez
no imaginada…y sin embargo…detrás de cada una de nosotras, nuestros ojos.

Cambiamos. Crecimos. Nos dolimos. Parimos hijos. Enterramos muertos. Amamos.

Fuimos y somos amadas. Dejamos y nos dejaron. Nos enojamos para toda la
vida, para descubrir que toda la vida es mucho y no valía la pena. Cuidamos
y en el mejor de los casos nos dejamos cuidar.

Nos casamos, nos juntamos, nos divorciamos. O no.

Creímos morirnos muchas veces, y encontramos en algún lugar la fuerza de
seguir.

Pasamos noches en blanco, noches en negro, noches en rojo, noches de luz y
de sombras. Noches de miles de estrellas y noches desangeladas. Hicimos el
amor, y cuando correspondió, también la guerra. Nos entregamos. Nos
protegimos. Fuimos heridas e inevitablemente, herimos.

Entonces…los cuerpos dieron cuenta de esas lides, pero todas mantuvimos
intacta la mirada. La que nos define, la que nos hace saber que ahí estamos,
que seguimos estando y nunca dejamos de estar.


Porque juntas construimos nuestros propios cimientos, en tiempos donde
nuestro edificio recién se empezaba a erigir.

Somos más sabias, más hermosas, más completas, más plenas, más dulces, más risueñas y por suerte, de alguna manera, más salvajes.

Y en aquel tiempo también lo éramos, sólo que no lo sabíamos. Hoy somos
todas espejos de las unas, y al vernos reflejadas en esta danza cotidiana,
me emociono.

Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor “del fuego” que
deciden avivar con su presencia, hay fiesta, hay aquelarre, misterio,
tormenta, centellas y armonía. Como siempre. Como nunca. Como toda la vida.

Para todas las brasas de mi vida, las que arden desde hace tanto, y las que
recién se suman al fogón.

7 comentarios:

Luci dijo...

Realmente emotivo y verdadero...
Somos Diosas y que nadie nos diga lo contrario!!!
Podemos con todo...!!!!!!!!!
Gracias por recordarlo de una manera tan intensa.
Besitos mil!!!!!!!!!!
Luci

Ma07 dijo...

Gracias a ti por estar ahí siempre.

Eva Jose dijo...

desde hace tiempo sigo este blog
me he emocionado contigo muchas veces en silencio...
suelo descubrirme sonriendo y asintiendo cada vez que leo alguna entrada tuya
solo queria darte las gracias por compartir, por hacernos sonreir, y por estar con nosotras en este circulo en torno a este fuego
GRACIAS

socmare dijo...

uff! cómo he llorado :) Gracias por este texto!! :)

Maria Luisa dijo...

Brillante su entrada amiga, mis felicitaciones.

Un saludo afectuoso.

María José García-Robles dijo...

Gracias Maria Luisa por tus dulces palabras.

Diego dijo...

Es espectacular el texto. Es muy significativo, emotivo y muy se sienten identificadas las mujeres al leer este pedazo de texto. La autora tiene un blog que colgó hace poco, la dirección es: http://cuandolascabezasdelasmujeres.blogspot.com lo pasó para que lean otros textos de la autora y para deleitarse nuevamente de las cabezas alrededor del fuego
Un saludo para todas/os