Mostrando entradas con la etiqueta Apego. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Apego. Mostrar todas las entradas

domingo, 21 de noviembre de 2010

A veces, invertimos más en un coche que en un hijo. Artículo de Eduard Punset.

Hoy quiero compartir con vosotros un artículo de Punset, donde se explica como lo que ocurre mientras el niño está en el vientre de la madre repercute en su vida futura. Y como influye el abandono emocional de los niños en sus primeros años, en su salud física y mental en la edad adulta.

Cómo dijo el obstreta Michael Odent: “El gran descubrimiento de la segunda mitad del siglo XX, fue que los niños necesitaban a su madre”
A veces, invertimos más en un coche que en un hijo


Eduard Punset 21 Noviembre 2010
"Lo tengo claro. Hace muy poco tiempo nadie se ocupaba seriamente del impacto que tendrían en el feto del vientre de la madre los niveles de estrés de esta última o, con menor razón, del padre. Está claro que el dilema consistía luego en enviarlo o no a la guardería como única alternativa para que ella no tuviera que abandonar el trabajo; muy pocos tenían la conciencia o el conocimiento para preocuparse del tratamiento educativo que recibía allí el recién nacido. Nadie sabía nada de los efectos que sobre la adolescencia de una niña tenía la ausencia del padre tras una separación.
Si mis lectores me insisten en que les diga cuál es el descubrimiento social más trascendental de estos dos últimos siglos, no tendré más remedio que responder: el impacto insospechado en su vida de adulto de lo acontecido al bebé desde el vientre de la madre.
Vayamos por partes. Cuando la madre está angustiada o estresada, ¿repercute en la salud del niño? Parece difícil negarlo. Un padre puede tener, biológicamente, muchísimos hijos, mientras que una madre apenas unos pocos. El resultado de esta diferencia comporta que el valor otorgado inconscientemente por uno y otro es distinto. Para la madre se trata de uno de los poquísimos activos biológicos con los que podrá contar en toda su vida. No es extraño que el grado de preocupación por el impacto en la vida del feto, o más tarde del bebé, de su propio estrés o angustia sea mucho mayor en el caso de ella que del padre.
Los niveles de estrés de una futura madre pueden repercutir en el estado emocional del feto.¿Alguien puede sugerirme por qué intentamos esconder los resultados negativos de la mayoría de las encuestas y los análisis efectuados sobre el aprendizaje en las guarderías infantiles?
 Los resultados tienden a demostrar que se produce un aumento de la agresividad y violencia en edades posteriores cuando el régimen de las guarderías empezó antes de los cinco años, prolongándose durante muchos años durante 30 o 40 horas por semana. Como me dijo en una ocasión un gran neurólogo británico especializado en la educación infantil: “A veces estamos más dispuestos a pagar por un buen parking que por guardar a nuestros hijos”.
En lo anterior subyace una de las grandes contradicciones de nuestra sociedad. Tenemos el gran mérito –comparados con el mundo islámico– de haber sabido asimilar a la mujer en los procesos de producción y de ahí que otras civilizaciones basadas en religiones excluyentes no podrán competir jamás con nosotros. Ahora bien, está por realizar el sacrificio o la aplicación del conocimiento necesario para que esa incorporación de la mujer al trabajo se pueda hacer en las mejores condiciones, velando por la calidad de los contenidos físicos y académicos de las guarderías necesarias.
Por último, ahora también sabemos de la comunicación intergeneracional de los niños. Resulta que, en promedio, una niña abocada a crecer sin la presencia del padre a raíz de una separación del matrimonio accede antes de la edad promedio a la pubertad; y no solo eso, suele tener mayores dificultades de integración que el promedio de las niñas de su edad. La adolescente no para de hacerse a sí misma preguntas sobre su propia situación, acumula información codificada sobre el grado de confianza que puede depositar en los adultos y, muy particularmente, en los hombres. De esas preguntas surge una actitud decidida sobre el entorno familiar.
Tenemos que cuidar muchísimo más de lo que hemos querido o sabido hacer el aprendizaje emocional de los niños y no solo, como ha ocurrido hasta ahora, el aprendizaje cognitivo o académico. Hasta los siete años, los niños son el mejor ejemplo de un departamento de I+D con gastos pagados, que no podemos abandonar a su suerte si queremos sobrevivir"

jueves, 8 de julio de 2010

Un bebé prefiere el contacto con la madre a la comida

La voz de Galicia.es

Adolfo Gómez Papí promueve otro modo de crianza, la lactancia materna, o que bebé y padres duerman juntos


La asociación Mámoa y la federación de grupos gallegos de lactancia materna organizaron la presencia de este experto.

Defiende el parto natural y que se prolongue la lactancia el tiempo que sea posible: «conozco casos de bebés de 11 y 12 meses alimentados solo con pecho y están perfectamente», afirmó. «Mamar tiene el mismo origen etimológico que feliz y felicidad», hace mucho, pues, que se sabe que es bueno.

«Un bebé prefiere el contacto con la madre a la comida», señala, en eso hay parecido con otros mamíferos. Propone que el recién nacido duerma con sus padres para sentirlos, y que se evite su lloro: «No tienen por qué llorar, sino sentir el contacto piel con piel con su madre y notar su cariño, su calor y su calostro».

La primera hora que pasan juntos madre y criatura «es muy importante para que se establezca el vínculo afectivo y la relación de apego entre ellos», agrega.
Contacto y seguridad
Adolfo Gómez ha comprobado que «cuanto más contacto tiene la madre con el hijo más pendiente está de él». Las pequeñas criaturas «solo se sienten seguras cuando notan el contacto; no tienen noción del paso del tiempo, viven solo el presente: Si la madre le deja, aunque sea poco tiempo, no puede sentir que volverá enseguida, el mundo se le vuelve imposible; no aprenden a esperar por el padre o la madre cuando se ausentan y les dejan solos, en ese caso aprenden que no pueden contar con ellos», enfatizó.
En las primeras 24-36 horas de vida un bebé «es capaz de hacer más cosas de las que pensamos, tienen sensaciones y emociones, son más sensibles que conscientes, no tienen pensamientos racionales. Pero un bebé no puede existir solo sino que es esencialmente parte de una relación».
Adolfo Gómez admite que sus ideas tienen oposición entre colegas; y que hay presión de casas comerciales para favorecer unas prácticas familiares diferentes, la separación de padres y bebés «pero desde el momento de nacer debe haber siempre contacto, incluso si el parto es cesárea», reiteró.
Así habló en el Museo do Pobo Galego para un grupo de madres, muchas con bebés, y algunas embarazadas que se preparan para el parto; y por la tarde le organizaron un curso de lactancia materna con prematuros.

domingo, 21 de marzo de 2010

¿ Cólicos del lactante ?

"El bebé debe ser tocado y acariciado inmediatamente después del nacimiento. El debe tener el calor de la madre casi continuamente durante este tiempo, de lo contrario todo el contacto físico del mundo no será suficiente"
 Dr. Arthur Janov,
Imprints: The Lifelong Effects of the Birth Experience


Hacía mucho tiempo que andaba buscando algún artículo que relacionara los cólicos del lactante con el "hambre de piel" que tienen todos los recién nacidos.
Esta búsqueda se intensificó cuando descubrí que hay autores que llaman a los tres primeros meses de vida de los bebés, el cuarto trimestre de embarazo, por la necesidad imperiosa de los pequeños por conseguir alimento y contacto contínuo, calor, seguridad y movimiento.
A través de la Asociación Sina encontré la respuesta del Pediatra Carlos Gonzalez que, de forma clara y sencilla, al más puro estilo Gonzalez, daba  a una madre que preguntaba sobre los tan temidos "Cólicos del lactante".

Respuesta de Carlos González, pediatra y escritor, a un padre que consulta sobre los llantos desconsolados de su hija de 20 días:
“Si quieres decir que tu hija especialmente por las tardes, pide brazos y pecho casi constantemente, y que tenerla en brazos y pasearla arriba y abajo es la única manera de que esté tranquila, y que si la dejas un momento en la cuna se pone a llorar, entonces es totalmente normal. Puedes llamarle cólico o como quieras, pero es normal. Los niños necesitan estar en brazos 24 horas al día, y más aún si han estado ingresados al nacer. Y no hay que buscarle ninguna solución, porque ya está solucionado: en brazos no llora (casi).
Si lo que quieres decir es que, a pesar de estar toda la tarde y casi toda la mañana en brazos, a pesar de dormir con su madre y tomar el pecho a demanda, a pesar de cantarle y acariciarla y pasearla y hacerle cosquillitas en la barriga, se pasa la tarde llorando (no llorar un poco o protestar, todos los niños lloran, sino llorar a todo pulmón durante tres horas de reloj seguidas, sin que nada de lo que hagáis pueda consolarla), entonces sí que le llamo yo “cólico”, y habría que pensar en alergias o en otros problemas.
Pero lo otro es normal, y no hay motivo para pensar en alergias ni en ninguna otra enfermedad. En todo caso, si fuera alergia no sería a la leche de vaca, porque entonces, al tomar biberón se pondría muchísimo peor que al mamar.
La principal causa del “cólico”, del llanto excesivo en la infancia, no es orgánica, sino psicológica. Es la falta de contacto físico, la ausencia de la madre, la soledad, la falta de respuesta a las necesidades. Los pueblos que llevan a los bebés colgados a la espalda todo el día ni siquiera tienen una palabra para hablar del “cólico”.
No me parece bien dar medicamentos a los niños sanos. Ni medicamentos de la farmacia, son sólo para los enfermos.
Los cientos de medicamentos que a lo largo de la historia se han recomendado para el cólico se han basado en la creencia de que existe una enfermedad subyacente, y según cuál creas que es esa enfermedad, así es el medicamento.
Los que creen que el cólico se debe a los gases, antes mandaban “carminativos”, substancias a las que se atribuía la propiedad de eliminar o expulsar los gases, y más modernamente mandan antiespumantes (tipo aerored).
Los que creen que al niño le duele algo, mandan analgésicos. Los que creen que lo que tiene es cuento y ganas de fastidiar, mandan sedantes o somníferos: barbitúricos, valium, alcohol, anís, tila, hinojo, opio, alimemazina (un antipsicótico, muy usado en España para el cólico…).
Los barbitúricos para el cólico estuvieron en el mercado en España hasta finales de los 80, y desde luego iban de fábula. El opio es un remedio popular desde hace dos siglos. El alcohol todavía lo he visto recomendado en libros americanos serios. El anís, hinojo y comino actúan mediante su principio activo anetol, un depresor neurológico, que produce según la dosis somnolencia, convulsiones y coma. Se han visto muchos casos de intoxicación en bebés, incluso un par de casos en que era la madre la que lo tomaba. En esos casos, lógicamente se intoxicaron también las madres. Porque es imposible tratar a un niño dándole el medicamento a la madre que lacta, a menos que a la madre le des una dosis muy superior a la normal para un adulto.
Ignoro qué composición tiene el Colikind homeopático y cuál es su pretendido mecanismo de acción. En todo caso: a) me juego un café a que no hay ningún estudio científico decente que demuestre su eficacia; b) no es verdaderamente homeopático, puesto que los homeópatas no tratan enfermedades, sino enfermos: necesitan una larga entrevista y exploración para llegar a un diagnóstico, y no darían el mismo medicamento a cualquier niño que tenga “cólico” sin mirarlo siquiera; y c) o es eficaz o no lo es. Si no es eficaz, mejor no darlo, porque los niños pequeños deben tomar lactancia materna exclusiva, e incluso el agua con que se tragan un medicamento ya está empeorando su nutrición. Si es eficaz, ¿cómo actúa? ¿elimina gases, aumentando el peristaltismo intestinal? ¿actúa sobre el dolor, es un analgésico? ¿ayuda al niño a dormir, es un somnífero? ¿actúa sobre el estado mental del niño, es un psicofármaco?
Es posible que alguno de estos medicamentos estuviera justificado en el caso de un niño que sigue llorando varias horas al día, a pesar de todos los intentos por consolarle, y en el que no se pudiera descubrir una enfermedad concreta. Nunca he visto un caso así, aunque supongo que alguno habrá entre tantos miles de millones de personas.
Pero, en la práctica, estos medicamentos (incluyo los homeopáticos y las hierbas) se usan para niños que llorarían si les dejasen en la cuna, pero que están contentos cuando están en brazos. Y cuando se dice que han funcionado muy bien, que han sido efectivos, queremos decir que ahora sí que se le puede dejar en la cuna sin que proteste, que ya no hace falta tenerle en brazos. Se han usado para escamotearle al niño lo que es su derecho de nacimiento, para reducirle a la soledad y al silencio.
La madre, en principio, lo mejor es que coma lo que quiera. Puede que algún alimento concreto, por su sabor, moleste a algún niño concreto, y entonces ya lo irá viendo. Pero no se pueden dar listas de alimentos prohibidos para todas las madres.
Suerte