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domingo, 9 de febrero de 2014

Lactancia Materna, alimentación complementaria, inteligencia y amor

Por María José García Robles
Los profesionales sanitarios deberíamos intentar aceptar que no siempre estamos actualizados en todos los temas en los que damos consejo sanitario. Esto se hace más patente en temas relacionados con la alimentación de los niños en general y de la lactancia materna en particular. A veces nuestras creencias, costumbres y prejuicios son utilizados como verdades absolutas sin que sean rigurosos científicamente hablando. Cada vez más, se demuestra que algunos de los consejos que damos de  forma sistemática son obsoletos y los seguimos utilizando sin más rigor que el hecho de haberlo hecho siempre así. 

Algunas de estas recomendaciones las hemos oído cientos de veces. Por ejemplo cuando decimos que el biberón lo puede dar cualquiera, y se utiliza esto para  decirle a la madre que opta por la lactancia artificial que así podrá descansar más. O la recomendación de que  los niños tienen que comer papillas   con las proporciones y los alimentos que nosotros recomendamos (a veces incluso recomendamos papillas comerciales), o el consejo de que la lactancia materna más allá de los 6 meses "no alimenta" porque lo que realmente nutre a nuestro hijo es la alimentación complementaria.

 Estos días se han reunido más de 700 profesionals de Atención Primaria  en el 11º Curso de Actualización de Pediatría de Atención Primaria.   Estas son algunas de las conclusiones que se han presentado:


"Los pediatras de AP aconsejan que los bebés alimentados con leche artificial en biberón, reciban la estimulación e interacción que proporciona la lactancia para facilitar un desarrollo saludable. Los expertos señalan que hay que tratar de que sea solo la madre la que dé el biberón y si esto no es posible, intentar que sean solo dos o tres personas, siempre las mismas, las que se ocupen de su alimentación" En cuanto al consejo sobre papillas “Se les debe estimular a probar texturas y sabores diferentes y a masticar alimentos sólidos combinándolos con la lactancia materna...A partir de los 9-12 meses los niños ya pueden comer los mismos alimentos que sus padres, en menor cantidad y machacados...La lactancia prolongada facilita una mejor compren­sión del lenguaje y visión espacial. En este sentido, los niños alimentados con leche materna durante más tiempo presentan mayor facilidad en funciones ejecutivas, planificación, inteligencia social y emocional y con el lenguaje e incrementa su interés por las relaciones sociales"
                                                                                                                                     Informaria Digital 

Esta es la noticia integra:


Prolongar el periodo de lactancia favorece la maduración de áreas relacionadas con la inteligencia

7 FEB, 2014

Más de 700 pediatras de Atención Primaria se reúnen estos días en Madrid en el marco del 11º Curso de Actualización en Pediatría, organizado por la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap). En este contexto, los expertos actualizarán información sobre cómo mejorar el vínculo con la lactancia materna o artificial. “Se trata de una relación cálida e íntima que se establece entre el bebé y su madre y cumple la función biológica de promover la protección, la supervivencia y, en última instancia, la replicación”, subraya la Dra. Ibone Olza, Psiquiatra Infantil del Hospital Universitario Puerta de Hierro de Majadahonda, Madrid.


Más de 700 pediatras de Atención Primaria de toda la geografía española se reúnen en Madrid en el 11º Curso de Actualización de Pediatría de Atención Primaria
La OMS recomienda que la leche materna sea el alimento exclu­sivo desde el nacimiento hasta los seis meses de vida y que, si la madre y el niño así lo desean, se mantenga hasta los dos años de edad o más complementada por otros alimentos.
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La OMS recomienda que la leche materna sea el alimento exclu­sivo desde el nacimiento hasta los seis meses de vida y que, si la madre y el niño así lo desean, se mantenga hasta los dos años de edad o más, complementada por otros alimentos.

Diferentes estudios realizados con técnicas de neuroimagen han demostrado que la lactancia materna prolongada favorece la maduración de áreas relacionadas con la inteligencia. De esta manera, se ha demostrado que la oxitocina juega un papel fundamental en el periodo de lactancia entre madre e hijo. Según la Dra. Olza, “la liberación pulsátil de esta hormona produce en la madre senti­mientos de amor hacia su hijo, así como de bienestar, confianza o autoestima y en el lactante produce relajación, serenidad y un mayor interés por las relaciones sociales”.
Del mismo modo, favorece el con­tacto íntimo entre madre e hijo tras el nacimiento, se produce una elevación de los niveles de oxitocina en el cerebro del bebé que, a su vez, implican una serie de cambios neuroanatómicos que perduran con el tiempo y permi­ten que, llegada la edad adulta, ejerza una actitud de apego mayor para con sus descendientes. “Las secuelas de la separación materno-filial temprana son duraderas”, cuenta la Dra. Olza.
La lactancia prolongada facilita una mejor compren­sión del lenguaje y visión espacial. En este sentido, los niños alimentados con leche materna durante más tiempo presentan mayor facilidad en funciones ejecutivas, planificación, inteligencia social y emocional y con el lenguaje e incrementa su interés por las relaciones sociales.
Además, prolongar la lactancia materna aumenta los sentimientos de confianza y bienestar ma­ternos. “La lactancia tiene un importante poder ansiolítico y tanto la oxitocina como la vasopresina cumplen un papel central en la regulación de las conductas sociales, incluidas la conducta sexual, el apego materno infantil y la memoria social”, afirma la Dra. Olza.
Por otro lado, la hormona prolactina además de intervenir directamente en la producción de la leche materna, juega un papel central en la adaptación del cerebro de la madre. Produce los cambios que dan lugar a la conducta maternal. La prolactina tiene además un efecto ansiolítico, interviniendo en la regulación del eje hipotálamo-pituitario-adrenal. “Las madres que amamantan puntúan más bajo en las escalas de estrés, ansiedad y depresión que las que no lo hacen. Este efecto ansiolítico de la lactancia se ha descrito como especialmente importante en madres con trastornos afectivos”, matiza la especialista.
Los pediatras de AP aconsejan que los bebés alimentados con leche artificial en biberón, reciban la estimulación e interacción que proporciona la lactancia para facilitar un desarrollo saludable. Los expertos señalan que hay que tratar de que sea solo la madre la que dé el biberón y si esto no es posible, intentar que sean solo dos o tres personas, siempre las mismas, las que se ocupen de su alimentación. “Los ma­sajes, porteo, cosquillas y caricias sirven para poten­ciar en el bebé la liberación de las mismas sustancias beneficiosas que produce la lactancia materna”, aseguran.
Los problemas de alimentación en los niños preescolares son extremadamente frecuentes. De hecho, se estima que 1 de cada 10  puede rechazar la comida en algún momento de su infancia y los pediatras de Atención Primaria (AP) afirman que “el trastorno alimentario más frecuente en España es el sobrepeso y la obesidad infantil.
El incremento de trastornos de conducta alimentaria (TCA) entre niños y adolescentes y la importancia de prevenirlos y abordarlos de forma precoz ha hecho que este sea uno de los aspectos que analicen los pediatras de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) en su 11º Curso de actualización de pediatría de AP, que estos días se celebra en Madrid.
Los pediatras de AP aconsejan educar a los niños a comer con cariño pero con firmeza y no prolongar el uso de biberones ni papillas. “Se les debe estimular a probar texturas y sabores diferentes y a masticar alimentos sólidos combinándolos con la lactancia materna”, explica la Dra. Sánchez Pina.
A partir de los 9-12 meses los niños ya pueden comer los mismos alimentos que sus padres, en menor cantidad y machacados, evitando únicamente los alimentos duros. A partir de los 15-18 meses, comen menos cantidad que antes porque crecen menos. Desde la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) apuntan que “los cambios en el estado de ánimo como la irritabilidad, aumen­to de las rabietas, crisis de llanto, tozudez, pasividad o actitud tiránica son signos de dificultad psicológica del niño en edad preescolar y escolar, pudiendo aparecer antes que los cambios en la conducta alimentaria.
“Cuando un niño o adolescente intenta saltarse comidas, esconde o tira alimentos y  come en secreto, puede que sean señales significativas o incluso los primeros estadios de un trastorno de alimentación”, añade la Dra. Montserrat Graell Berna, Psiquiatra Infantil.
TCA en la adolescencia
Los pediatras de AP reunidos también han compartido información sobre los trastornos de alimentación, ya que se trata de uno de los problemas más frecuentes en la infancia y adolescencia.
En la etapa adolescente incrementa de forma considerable la incidencia y prevalencia de los TCA y se estima que 1 de cada 250 adolescentes pueden padecer algún tipo de trastorno alimentario. “La anorexia es más frecuente entre los 15 y los 18 años y la bulimia suele ser darse a partir de los 16 años. En cualquier caso, hemos detectado que se está adelantando la edad en la que se empiezan a dar estos trastornos, siendo cada vez más frecuente al inicio de la adolescencia en niñas de 12 años”, subraya la Dra. Concha Sánchez Pina, pediatra de AP y coordinadora del 11º Curso de Actualización en Pediatría de AP.
Ambos trastornos son más frecuentes en el sexo femenino. De hecho, según la Dra. Sánchez Pina, “la anorexia es hasta 9 veces más frecuente en chicas y la bulimia 3 veces más que en varones”.
Sobrepeso, perfeccionismo, exceso de autocontrol, miedo a la maduración o baja autoestima son algunos de los factores que pueden influir en el desarrollo de la anorexia, pero los pediatras de AP subrayan que la genética también está relacionada con los TCA, ya que la existencia en una familia de un miembro con un TCA multiplica entre 2 y 20 veces el riesgo de padecerlo a cualquiera de sus miembros”, explica la Dra. Sánchez Pina.
Los pediatras de AP muestran su preocupación por determinados factores socioculturales como la apología que se hace de delgadez en el mundo de la moda o en la publicidad y los prejuicios que existen contra la obesidad en determinadas profesiones y deportes que pueden influir en los malos hábitos alimentarios. La experta explica que “los patrones alterados de alimentación, en especial sal­tarse comidas, ayunos de 12-24 horas y presencia de vómitos auto-provocados son los signos de alarma con menos falsos positivos”, apunta la pediatra.
El diagnóstico y tratamiento precoz pueden mejorar el curso clínico y el pronóstico de trastornos como la bulimia o la anorexia, por lo que es esen­cial conocer los síntomas que constituyen las señales y fases iniciales de estas enfermedades.
La mayoría de adolescentes muestran preocupación por su peso e imagen corporal y hasta un 50% de adoles­centes puede manifestar insatisfacción corporal. Por esta razón, los cambios en la preocupación por la comi­da, el peso y la figura corporal son señales de los trastornos de alimentación, pero pueden tener falsos positivos. Estos síntomas solo se consideran de alarma si han cambiado en intensidad y frecuencia y si se acompañan de importantes cambios en el patrón alimentario y pérdidas de peso de más de medio kilo a la semana.
La alerta debe emitirse cuando existe una pérdida de peso no justificable aunque sea inmediatamente después de una enfermedad física o cuando hay vómitos sin aparente causa orgánica. “El incremento o aparición de interés por la actividad física desmesurada junto al cambio de patrón alimentario o esconderse en el baño tras las comidas, deben hacer sospe­char un trastorno de alimentación en el adolescente”, matiza la Dra. Sánchez Pina.
Fuente: Informaria Digital

sábado, 8 de enero de 2011

Riesgos de la lactancia artificial. Por la Asociación Española de Pediatría

A día de hoy, muchas personas incluidos los profesionales sanitarios siguen recomendando los biberones de leche artificial a los lactantes sin explicar a las madres y padres el riesgo de estos. Otras veces se recomienda la  introducción de la alimentación complementaria antes de los 6 meses y se hace creer a la familia que esto es lo que un bebé necesita. La información de los efectos secundarios de la leche artificial se debería ofrecer igual que se explican los efectos adversos de una medicación y la recomendación de la introducción de la alimentación complementaria a partir de los 4 meses, de forma rutinaria, se debería considerar una mala praxis médica.
Menos de un 1% de las mujeres presentan una incapacidad real para dar el pecho a sus hijos, la mayoría de las veces con el apoyo y la información necesaria los problemas que aparecen los primeros meses se pueden solventar. Otras veces las mujeres libremente, deciden no amamantar o introducir la alimentación complementaria antes de los 6 meses. En cualquiera de los casos es imprescindible conocer la información veraz y actualizada que demuestra cada día la evidencia científica, antes de tomar una decisión.

En este documento de la Asociación Española de Pediatría se explican los riesgos de la alimentación con leche de vaca (leche artificial).
"El amamantamiento es la forma natural de alimentación de los lactantes y niños pequeños. La lactancia exclusiva durante los primeros 6 meses de vida y complementada con otros alimentos sanos, seguros y apropiados, a partir de entonces y hasta al menos el tercer año de la vida, asegura el óptimo crecimiento, desarrollo y salud. Después, el amamantamiento junto a la adecuada alimentación complementaria puede seguir contribuyendo al crecimiento, desarrollo y salud del lactante y del niño pequeño. El Plan de Acción Europeo para la protección, promoción y apoyo a la lactancia materna en Europa reconoce el amamantamiento como una prioridad de Salud Pública y junto con la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la alimentación al pecho de forma exclusiva durante los primeros seis meses de vida y junto con otros alimentos hasta los dos años de vida o más, según madre e hijo mutuamente deseen.

La alimentación complementaria debe iniciarse alrededor de los 6 meses de vida para COMPLEMENTAR la leche materna. No existen datos para recomendar la introducción de alimentos complementarios antes de los seis meses de edad y sin embargo sí hay evidencias de que la introducción temprana de otros alimentos puede tener importantes consecuencias para la salud del lactante.
Los riesgos a los que se somete el lactante que no es amamantado o que abandona la lactancia antes de lo recomendado son múltiples. Entre ellos un mayor riesgo de mortalidad postneonatal durante el primer año de vida, y un mayor riesgo de muerte súbita del lactante. Además el lactante no amamantado presenta más riesgo de sufrir procesos infecciosos sobre todo gastrointestinales, respiratorios y urinarios, y éstos de ser más graves, aumentando el riesgo de hospitalización hasta 10 veces, según los estudios. Más a largo plazo, el haber sido alimentado con sucedáneos de leche materna (leches de fórmula para bebés) aumenta el riesgo de padecer dermatitis atópica, alergia y asma en niños con antecedentes familiares de alergia, disminuye la eficacia de las vacunas, y aumenta el riesgo de padecer enfermedad celíaca, enfermedad inflamatoria intestinal, diabetes mellitus, esclerosis múltiple y cáncer en la edad adulta. Las niñas no amamantadas tienen más riesgo de presentar cáncer de mama en la edad adulta. Varios de los riesgos de la no alimentación al pecho son dosis-dependientes como el riesgo de cáncer de mama, obesidad, enfermedades respiratorias y algunos cánceres. Es decir, cuanto más tiempo se mantiene la alimentación al pecho más disminuye el riesgo.
Los lactantes no amamantados presentan unas puntuaciones peores en los tests cognitivos y menor cociente intelectual y peor agudeza visual, años después de terminar la lactancia. Y se ha relacionado una menor duración de la lactancia materna con la aparición de problemas mentales en los adolescentes. Los niños, jóvenes y adultos no amamantados son menos estables psicológicamente y tienen una mayor incidencia de algunos problemas de salud mental como déficit de atención e hiperactividad, ansiedad y depresión. Esto y la disminución del riesgo de maltrato infantil se asocian al hecho de la alimentación al pecho y no sólo a la diferente composición de la lactancia materna, ya que se relacionan fundamentalmente con el contacto y la interacción que tiene el bebé con su madre durante el acto de amamantar. Por ello algunos de estos efectos beneficiosos no se presentan en los lactantes que sólo reciben leche de su madre en biberón"

lunes, 9 de marzo de 2009

Más teta, más inteligencia


«La lactancia materna exclusiva es la mejor alimentación que puede tener un niño durante sus primeros seis meses de vida». Así lo corroboró ayer Alfonso Delgado, presidente de la Asociación Española de Pediatría (AEP), durante la presentación del Manual de Lactancia Materna. De la teoría a la práctica una publicación que nace con el objetivo de poner a disposición de los especialistas un material actualizado y completo con el que apoyar a las madres durante este periodo. Y es que amamantar a los bebés presenta «múltiples beneficios psicoafectivos, orgánicos y nutricionales, unas propiedades óptimas que nunca podrá suplir la leche artificial».Las ventajas de dar el pecho a los niños, al menos hasta que cumpla medio año, están demostradas científicamente. Una lactancia durante esta etapa o superior propicia que los niños tengan un mejor desarrollo psicomotor y social durante el primer año de vida
Además, «obtienen mayores puntuaciones en los tests cognitivos y de coeficiente intelectual en la etapa escolar, y más evidentes cuanto más prolongado ha sido el amamantamiento
», certificó la doctora María José Lozano, coordinadora del comité de lactancia materna de la AEP. A pesar de estas ventajas, las cifras de lactancia en nuestro país no son nada alentadoras. «El porcentaje de madres que deciden amamantar a sus niños se sitúa entre el 80 y el 90% cuando dan a luz. Sin embargo, esta cifra disminuye hasta el 52% a los tres meses y al 20% a los seis meses», indicó Lozano. Es decir, tan solo una de cada cinco madres da el pecho a su pequeño a los seis meses del parto, periodo mínimo recomendado. A partir del medio año de vida, los expertos recomiendan complementarla toma de pecho con otros alimentos. Pero la madre, arguye Delgado, puede seguir amamantando a su niño «el tiempo que quiera o pueda», incluso hasta los dos o tres años de vida. «Existen evidencias sobre los inconvenientes de un destete precoz; sin embargo, no se ha descrito ninguno sobre la lactancia prolongada», subraya Delgado.Con la lactancia materna todo son ventajas, suscribieron ambos especialistas, quienes insistieron en erradicar la «percepción equivocada» de muchas madres de que su leche no alimenta al bebé o de que no tienen la cantidad suficiente. Son los motivos que aducen para abandonar la lactancia y por el que deciden recurrir a las ayudas con sucedáneos. En realidad, esto se debe a errores en la técnica de amamantamiento, es decir, a que la madre no adopta la postura correcta o el niño no se agarra bien al pecho.